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El gran apóstol

    El socialista llegó a la asamblea de los estudiantes puntualmente. Su apodo era el gran apóstol. Sin mucho miedo él se sentó contra una de las gradas del coliseo; sin hacer mucho ruido, sin hacerse ni tan arriba ni tan abajo del recinto retumbante.

De muerte o de muerto



El cielo está todo oscuro, el cielo está nublado y vos estás absolutamente solo; viejo de la vieja infancia. De este pesado momento tuyo, tienes un hambre acosadora y tienes una sed insoportable. Precisamente, hace cuatro días, que no tomas nada de sopa.


La divina alegoría


Si la profunda memoria no me falla, durante este veloz instante, vuelvo a recordar mi antigua fuga del castillo infernal; hace un siglo imaginario de ustedes, hombres de cuerpos móviles, ustedes seres mortales, seres miedosos del amor. Ya respecto a mi tiempo real, me lo pasé sufriendo bajo los dominios terrenales, durante casi todo un milenio errático. Fui ciertamente para aquella existencia, una retratista brillante en aquel mundo de sonámbulos, un mundo plagado de seres malsanos y ellos a la vez homicidas. Menos mal, mediante mi facultad creadora, sigo aún con vida, pero ya me sé residente en otro universo posible, antes descubierto por mí arte del dibujo. Del ahogo pasado, trataba yo además de volarme de aquel castillo tan temido. Procuraba mi huida rompiendo los espejos del enfoque equidistante. Entre las otras rutinas, me atraían los cuentos de gabo, debido a su poder íntimamente fantástico. Y yo, prisionera en mi cuerpo de mujer transformista, luchaba por hundirme en cada amor trágico del escritor incierto.