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La novela gráfica
La semana antepasada Sin Pretextos estuvo en el primer encuentro nacional de historieta, Entreviñetas, realizado en la ciudad de Armenia por la revista colombiana de cómic, La Revista Larva.
Oídos atentos, mentes abiertas y lapiceros en mano fueron clave para contemplar las direcciones del cómic colombiano (o cómic en general). Lo que ustedes, amigos lectores, podrán entender, es que el cómic no es simplemente una serie de dibujos hechos en viñetas rectangulares o cuadradas para verlos bonitos y bien dibujos, no señores. La historieta trasciende el simple dibujo, la historieta es un arte, una novela gráfica. Aproximada a la literatura, son historias contadas, relatos narrados gráficamente, un momento, o varios. Muchas veces con texto, y otras sin él. Tal vez para algunos de ustedes, lectores, sea trabajo poco serio, pero ¿cuantas lecturas han realizado?
Arte Japonés
Las pinturas japonesas son toda una variedad de escenas basadas en cuentos, como el cuento de Heke, o también, otras de batallas y paisajes.Al ser una de las culturas más antiguas e importantes del mundo, se convierte también, en una de las más exóticas alrededor de los momentos en los que se transformó y se forjó el arte japones como tal. Países como Corea y China fueron claves, en el periodo Momaya donde se estableció el contacto cultural con Japón, y también por donde entró el Budismo para inspirar la creación de imágenes budistas. Esto fue un factor significativo para el desarrollo del arte en Japón.
La Reflex de Don Luis: el arte de la fotografía
El único día que vi a Simón Bolívar con corona, fue cuando conmemoraron el año de su entierro.
Ver a don Luis en la plazoleta Simón Bolívar es como recordar, suscitar, e imaginar que pronto llegaremos a ser -como escribió Héctor Abad- "el olvido que seremos". Al llegar a la plazoleta con Sebastián, nos encontramos con Don Luis, un señor de algunos 60 o 70 años de edad que se paseaba por todo el centro de la plazoleta. Lo vimos, primero, hablar con un vendedor de confetis, no sabíamos de qué hablaba, pero ya nuestros ojos encontraban rumbo para escribir en Sin Pretextos. Lo primero que hice fue coger fuerzas para abordarlo, tenía miedo que resultara siendo uno de esos señores viejos y amargados, que no quieren hablar con nadie. Pero era fotógrafo, y de algún modo teníamos que entendernos. Llegué -o llegamos-, pues también conmigo iba Juan José, un amigo más, y lo que hice fue saludarlo, y decirle con mi tono de inmaduro y acento tolimense:
-Buenas tardes, lo que pasa es que quiero hacerle algunas preguntícas, o sea, quiero hacerle una entrevista. ¿Puedo?
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