El Cementerio de Praga de Umberto Eco

Confieso, sin inhibiciones, mi declarado gusto por los textos medievales que, en su mayoría, se presentan como tratados anacrónicos del pensamiento dogmatizante, por un lado, y hambriento de poder, por el otro; y, en vista de lo tedioso que pudiese llegar a ser tener acceso a ellos en una ciudad tan alejada, sin duda, Umberto Eco es la mejor forma de acecarse al medioevo.

“El viandante que esa gris mañana de marzo de 1897 hubiera cruzado, a sabiendas de lo que hacía, la place Maubert, o la Maub […]”, como señala el autor, hubiera sido testigo de la presencia de un hombre demacrado en vida- o mejor, más muerto que vivo-, con lujosas ropas y un rostro menesteroso de emociones-quizá hasta lleno de arrepentimiento-que yacía postrado en celo de sus preciados documentos. Pues señores, he ahí al capitán Simonini, un piamontés residente en las principales ciudades europeas en el transcurso de su vida, falsificando documentos de toda clase y que sin duda, demostraba un gusto especial por la luminosa Paris, atiborrada de intelectuales, periódicos en auge, intereses políticos de toda clase y un racismo excesivo y peligroso.

Durante su infancia, el capitán Simonini fue criado bajo raciocinios nacionalistas y de un odio extremo hacia la población judía, y en general, hacia cualquier organización con ideales distintos y prometedores basados en las obras de grandes ilustrados de la revolución francesa. Odiando a su padre- combatiente militar- y a su madre por el paupérrimo acompañamiento en sus años pueriles, alimentaba sus malhumores con el ya mencionado desprecio a las razas y una codicia enceguecedora.

En el transcurso de la novela, el capitán Simonini se muestra como un protagonista confundido casi que enfermo mental, hasta el punto de desarrollar una doble personalidad conocida como el abate Dalla Piccola,- una de sus víctimas mortales- de quien solo un conocido cercano- especialista en psicología y psiquiatría y tratamientos basados en la hipnosis, cuando no de la cocaína colombiana, sustentando una relación directa entre los sueños, el deseo sexual y el comportamiento humano- logro persuadirse.

Por otra parte, la trama de la novela se basa en una apócrifa conspiración judía, reunida en el cementerio de Praga con representantes adinerados de todo el continente, a fin de establecer, por medio del sometimiento cristiano, el dominio de su raza y sus modelos sociales, políticos y sobre todo, religiosos. Lo anterior, creado con avides y gran imaginario por el capitán, inmerso desde muy joven en el arte de crear documentos y hechos falsos obedeciendo a intereses del mejor postor y a sus influencias enfermizas por la novelística de Alejandro Dumas.

En ese sentido, además de la importancia de los intelectuales hasta el momento mencionados, también se hacen referencias directas e indirectas a personajes como Monet, Émile Zola, Dovstoievsky, Marcel Proust, Emilio Toffano, Pasteur, Marx y hasta el propio Hitler; quienes enriquecen el devenir de cada página y atrapan sin piedad a cualquier lector con sus intervenciones eruditas pero en ocasiones equivocadas.

Adrede, el autor presenta la novela en forma de diario, donde interviene cada una de las personalidades del protagonista en una batalla inocua por saber si son el mismo o no y rememorando con detalles algunos sucesos relevantes. Es allí donde un narrador interviene haciendo lectura de las memorias y otorgando un hilo con vertientes a la historia.

En suma, Umberto Eco, después de sus grandes apariciones en el mundo literario con novelas como “El nombre de la rosa”, “EL péndulo de Foucault”; “la isla del día de antes”, “La misteriosa llama de la reina Loaisa”, “Baudolino”, y textos teóricos como “La historia de la fealdad” y “La historia de la belleza”, o sus tratados de semiología; nos regala a sus seguidores “El cementerio de Praga”, una novela llena de argumentos históricos propios de un erudito, con un manejo preciso del lenguaje y su evidente interés por las conspiraciones capaces de cambiar el curso de la humanidad.

“Treinta años después de publicar ‘El Nombre de la rosa’, Umberto Eco vuelve para mostrarnos que, en la literatura y en la vida, nada es lo que parece y nadie es quien dice ser: todo es según convenga, y acaba triunfando el rufián que desconfía de todos  siempre se mantiene alerta, aunque no se mueva casi de esa mesa donde lo vimos al principio, cuando quizá no sabíamos que Simonini y los hombres como él aún están aquí, entre nosotros, y han venido para quedarse.”

Il cimitero di Praga
Editorial Lumen/Futura
Primera edición Noviembre de 2010

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